Roy, el perro agradecido

Guerrero Negro, Baja California Sur

Roy no es cualquier perro, es El Señor Roy. Tiene una majestuosidad que se nota y es el mejor perro que he conocido, perro en toda la extensión de la palabra: es orgulloso, valiente y sobre todo leal.

Roy no tiene una raza específica, tiene todas las razas en él y tiene la fuerza y la valentía de sus antepasados los lobos.  Es un perro sumamente inteligente y cariñoso, pero no deja de ser un valiente perro guardián. Más que ser de sangre noble, tiene nobleza en la sangre.

Roy no tuvo una vida fácil, llegó hace unos años cachorro vagabundo, más flaco que un trapo buscando comida y sobre todo cariño, y Roy pagó con creces esa atención que recibió. Tiene muchas cicatrices, producto de múltiples peleas que libró y algunas donde no la libró muy bien que digamos

También lo atropellaron una vez, ¡y también la libró! Pero estábamos muy preocupados, ¡mugroso Roy! ¡Si ya sabías que no debías subirte a la carretera!, pero le ganó la emoción, se emocionó de vernos pasar y no vio el carro que venía en sentido contrario, ¡pobre Roy! Hasta allá lo llevó la fidelidad.

Ahora ya está viejo, tiene muy gastados los colmillos y lastimada la piel, y ya se levanta con dificultad, ya le toca descansar.  Ya le enseñó a sus hermanos cómo cuidar su casa, su hogar, y cómo cuidarnos a nosotros, ahora nos toca cuidarte a ti, Roy.

Envejeció pronto por que cuando era cachorro se desnutrió y por eso se le desgastaron los dientes, ahora ya no puede comer cualquier cosa y se tarda mucho en comer.  También, por la desnutrición tiene problemas en la piel y hay que darle medicina todos los días.

Roy tiene un problema autoinmune, es decir que su cuerpo produce anticuerpos contra las células de su piel, lo que le produce llagas y lesiones que tardan mucho en sanar, está bajo tratamiento de por vida y con el medicamento puede llegar a vivir muy buenos años más.

Además ya está esterilizado, esto lo protege del cáncer y también evita que se vaya y ande buscando peleas y que salga lastimado por su falta de dientes fuertes.  A Roy lo esterilizamos inyectándole un producto químico que le atrofió los testículos, porque, por sus alergias, Roy no podía ser anestesiado.

Roy tuvo un comienzo incierto en su vida, pero gracias a su buena estrella –y a la nuestra, encontró un buen lugar para vivir y, ahora que la perrera anda tan activa, se salvó de una mala muerte.  Es un perro agradecido, y se nota.

Roy tiene su cama y su comida disponible siempre, y no le falta el agua, aun así, siempre está a nuestro lado cuidándonos, siempre fiel, por más viejo y cansado que esté.

Vaya entonces con este artículo un homenaje a todos esos perros agradecidos en nuestra vida.

Gracias por estar, Señor Roy.

  • Edgardo

    ¡El Roy!